
Limón ha sido un territorio protagónico en el gobierno de Rodrigo Chaves. En su momento le dio un apoyo relativo mayor que el promedio nacional y la seguridad ocupa un lugar especial alrededor del noticioso puerto de Moín donde se instalaron escáneres que, sin embargo, no bloquearon el trasiego de droga de los grupos narcotraficantes que han golpeado sobre todo a esta provincia. Además es la ciudad donde primero se registró ese vuelco de alcaldes a favor de Rodrigo Chaves, como ocurrió con Ana Matarrita McCAlla, un apoyo que sin embargo no se visibiliza en la ciudad salvo por esporádicas banderas color turquesa.
Las particularidades de Limón no parecen ser suficiente para alterar el ambiente predominante de apatía en las calles a pocas horas de las elecciones del domingo. “No me he decidido”, “ninguno me convence”, “siempre dicen lo mismo” son las respuestas que abundan en las pequeñas entrevistas con la gente en Puerto Limón, salvo excepciones. El paisaje urbano deja ver cuotas de desconfianza, indiferencia o apatía, una mezcla de cosas.
Ni siquiera se observa movimiento alrededor de la municipalidad, donde todo iba normal aunque, según un funcionario, el apoyo de la alcaldesa al chavismo sí ha tenido peso. “Lo que pasa es que casi nadie habla de eso”, dijo unos minutos antes de que sin querer activara un audio de un chat donde una voz de mujer imploraba que dejaran de hablar de política.
“No se puede negar que vienen esas elecciones, pero ojalá pasen rápido”, dijo un hombre mientras bebía una gaseosa en una soda por la tarde y otras personas buscaban la sombra del Parque Vargas, junto al bulevar que estaba casi vacío. Alrededor, una tumbabocos de Aquí Costa Rica Manda (ACRM) rompía la banda sonora habitual.

En un poyo estaba una familia joven. Isaac es trabajador informal de la construcción y pareja de Kenda, que da de mamar a su bebé, de sólo un mes de nacida.
“Mucho es la economía. Necesitamos trabajo y preparación para que las cosas no se compliquen más de lo que ya están. Yo no he corrido peligro, pero uno sabe cómo es esto del sicariato”, dice Isaac, de 29 años, sin educación secundaria ni trabajo estable.
“Por el momento no tengo un favorito, pero voy a votar por el que ella vote”, dijo a este medio y señalando a su pareja, que dice estar indecisa, aunque reitera que lo más importante es tener oportunidades de trabajo bueno.
Al ver la conversación, llega un hombre que dice llamarse Gregorio Almengor y se dedica a cuidar carros. Bajo el sol de las 1 p.m. ve el ambiente electoral “frío”, pero asegura que su voto está claro. “Voto por Fabricio Alvarado por su facilidad de palabra y porque es nuevo en esto. Él me convence”, dijo sobre el candidato de Nueva República que participa en su tercer intento por la Presidencia y ha sido diputado por ocho años. La afinidad evangélica es un punto a favor, reconoce.

Es cierto que se ven algunas señas de Nueva República en los barrios alrededor de la ciudad, pero también hay escasas banderas moradas, anaranjadas, naranja con verde, las turquesas del oficialismo, unos pocos signos del PUSC y contadas vallas del PLN.
“Vea, aquí a alguna gente le gusta Chaves, pero no todo el mundo apoya a esa señora. Es cierto que cuando vino a Limón hubo mucha gente, pero una buena parte eran traídos de afuera, eso se notó”, dice una trabajadora del restaurante donde comió la comitiva. “Vino con un buen grupo de custodios, aunque no tantos como cuando vino Chaves, no sé si amerita”, añadió la mujer.
Limón está entre las provincias donde hay más indecisión y también registra una menor participación en los últimos procesos electorales. Es también central en la discusión sobre seguridad, el mayor problema del país, pues en la provincia la tasa de homicidios duplica el promedio nacional y se asemeja a la de Ecuador.
Hay barrios donde nadie ajeno entra y los policías van con mucha cautela o para operaciones especiales. Ya no son sólo dos o tres, el riesgo ha aumentado y la mayoría de entrevistados apunta a un problema de fondo social, aunque nadie ni siquiera mencionó la amenaza del autoritarismo o peligro alguno para el sistema democrático.
Al final de la tarde del jueves, cuando el sol cede, Doris Allen y sus amigas salen a dar una caminata por el bulevar aprovechando que está vacío. A sus 69 años, esta mujer jubilada de Japdeva comprueba que hay «frío en Limón» porque quizás son muchas candidatos o la gente ya no está tan interesada dice. Le preguntamos por el principal problema y la respuesta no es «seguridad», sino «empleo» y «ayudar a la niñez a los adolescentes para que… bueno, usted sabe» dijo en aparente alusión a la necesidad de evitar que los jóvenes entren a pandillas de narcotraficantes. «Salen del colegio porque ya en el hogar no hay esa mano dura que se necesita en los hogares más que en el gobierno, aunque también».
Le preguntamos si sabe por quién no votar y suelta una carcajada, pero se reserva la respuesta. «Sé por quién voy a votar por la diputación, porque conozco a la persona y sé que es buena, pero para la Presidencia nadie me convence, tendría que ofrecer algo especial», dice esta mujer que en su vida habitó en tiendas del PUSC y del PLN y que ahora no da importancia al partido, ni para bien ni para mal. «Pero sí, sí voy a votar», repite segura.
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