El Bloque Verde y la Federación Costarricense para la conservación del Ambiente (Fecon) hicieron un llamado conjunto para que el país imponga mayores restricciones a la fumigación de de cultivos cerca de centros educativos o de salud.
Ello a propósito de que la semana pasada 27 personas entre personal docente y escolares de la Escuela de Villanueva de San José, Upala, debieron ser trasladadas de emergencia al Hospital de Upala por “sufrir una grave intoxicación producto de una fumigación en plantaciones vecinas”.
Al respecto, ambas organizaciones subrayaron que “en la actualidad no existe ninguna restricción o retiro que evite que se fumigue con estas sustancias peligrosas a pie de centros de salud, escuelas o zonas habitacionales”. Ello a pesar de que desde enero de 2019 la Fecon propuso al Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) incluir dentro del Manual de “Buenas Prácticas Agrícolas” alejar las fumigaciones al menos en un radio de 200 metros de cualquier centro de estudios, EBAIS o centro de población.
Destacaron así que en la Asamblea Legislativa se tramita un proyecto de ley (exp. No. 23.697) presentado por el Frente Amplio y que regula la fumigación aérea, pues reforma la Ley de Protección Fitosanitaria para prohibirla en un radio de tres mil metros alrededor “centros de población, centros educativos, centros de salud, EBAIS, clínicas, hospitales, centros de deporte y recreación, así como carreteras y áreas de paso”.
Para los ecologistas, esa iniciativa “va en la dirección correcta”, pero insisten en que debe de incluir las fumigaciones realizadas por otros sistemas de aspersión terrestre como los tractores tipo “boom” o los equipos de fumigación menores como bombas de fumigar. “Es decir, el país debe de alejar todas las fumigaciones de agrovenenos de núcleos de población, escuelas y centros de salud”.
Comunidades bajo asedio
La Fecon y el Bloque Verde recordaron varios incidentes que se han dado similares al más reciente caso de Upala.
Por ejemplo, el que se presentó en agosto de 2019 en Platanar de Florencia de San Carlos en donde 21 estudiantes, personal docente y el director la Escuela La Ceiba requirieron ser trasladados a un centro médico local y al Hospital de San Carlos “por culpa de una piñera irresponsable”.
Comunidad denuncia intoxicación de niños por fumigación
Envenenamiento masivo en una localidad de Florencia de San Carlos es una realidad recurrente que enfrentan niños y niñas de una escuela local.
“Parecieran dos sucesos aislados, pero en realidad, son daños colaterales de los agro-venenos es el pan de cada día para cientos de comunidades costarricenses, incontables violaciones directas al derecho a la salud de miles de personas, especialmente niños, niñas y mujeres”, añadieron.
Los ecologistas también recordaron un estudio hecho como tesis de maestría en la Escuela de Salud Pública de la UCR por Leonel Córdoba en 2016. ese estudio partió del hecho de que “cerca del 25% de los centros educativos del cantón de Matina están cerca de plantaciones de banano donde se da un uso intensivo y extensivo de plaguicidas”.
Tras tomar muestras de aire y polvo en 12 centros educativos de la zona, Córdoba halló la presencia 18 diferentes plaguicidas, en particular de clorpirifos, un insecticida utilizado en las bolsas que protegen la fruta del banano, que se encontró en casi todas las muestras de aire.
También citaron un estudio del 2014 del Instituto Regional en Sustancias Tóxicas (IRET) de la Universidad Nacional (UNA), que encontró “elevadas cantidades de etilentiourea (ETU)” en la orina de 445 mujeres embarazadas que viven cerca de plantaciones de banano en ese mismo cantón limonense.
El ETU es un derivado del plaguicida mancozeb, el cual se aplica mediante fumigación aérea en plantaciones de banano.
Precisamente ese mancozeb también fue hallado en la orina pero de niños menores de 9 años en Talamanca.
Las organizaciones ecologistas apuntaron al respecto que “se ha podido establecer que los niños con mayor concentración de esta sustancia tienen más problemas de aprendizaje y de conducta. Lo que veremos por décadas y por varias generaciones, son las secuelas de la contaminación por agrotóxicos”.

