Cada año el país pierde cientos de años potenciales de vidas de mujeres, cuyas vidas fueron truncadas a causa de la violencia machista. Sólo en 2020 la cantidad de años de vida potencialmente perdidos (AVPP) fue de 922.
Así lo evidenció un análisis de la estrategia del Informe Local de Análisis del Femicidio (ILAFEM), que fue discutido en una actividad organizada por el Instituto de Estudios de la Mujer (IEM) de la Universidad Nacional, a propósito de la conmemoración, el 25 de noviembre, del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Por ejemplo, la víctima más joven de femicidio ese año fue una niña de 4 años a quien un femicida le arrancó la posibilidad de continuar creciendo y desarrollar una vida plena.
Según detallaron las investigadoras, sólo en 2020, 28 mujeres fallecieron por femicidio, de modo que si se consideran sus edades y la expectativa de vida en el país, ese se perdieron 922 años de vida potencialmente.
Mientras tanto, en lo que va del 2024 se han confirmado 70 muertes violentas de mujeres, de los cuales 21 fueron femicidios, ocho no fueron por razones de género (se clasifician como homicidios) y 41 aun no se han clasificado.
Dentro del informe de la estrategia también se expusieron datos del Informe Anual de Situación Nacional del Delito de Femicidios 2020, ejecutado por la Red Feminista contra la Violencia hacia las Mujeres, quienes hicieron una serie de autopsias psicosociales de femicidios.
Ana Hidalgo, de la mencionada red y expositora en el evento explicó que estas autopsias analizan el femicidio más allá de un registro y permiten entender a las mujeres, sus historias y experiencias, ayudando así a entender los factores que posibilitaron que el femicidio se concretara.
Así mismo, dijo Hidalgo, este proceso permite identificar medidas de prevención que se puedan aplicar para evitar que sucedan otros eventos.
Contextos de riesgo y penetración del crimen organizado potenciaron femicidios en 2020
Espacios en que se normalizan relaciones impropias, emparejamientos tempranos, violencia y consumo de sustancias aumentan el riesgo de ser víctima de un femicidio.
Según el análisis realizado, de las 28 víctimas de femicidio en 2020, la mayoría (20) fueron costarricenses y mayormente (8) tenían una relación de conviviente con los perpetradores de sus femicidas, aunque en otros casos era su cónyuge (5) o un conocido, amigo o vecino (4).
La premeditación estuvo presente en casi la mitad de los femicidios registrados en el 2020 (12) y alarmantemente, en cuatro casos hubo participación de más de una persona en la ejecución del delito, además de que en cuatro casos también el crimen se ejecutó en frente de hijos e hijas.
Se destaca del estudio que en más de una tercera parte de los casos (35,7%) las víctimas experimentaron alguna forma de violencia sexual en el curso de su vida previo a la relación que culminó con sus vidas.
Así, se determinó que 11 mujeres atestiguaron violencia en sus casas, siete de ellas la vivieron desde sus etapas de infancia y seis estuvieron en una relación impropia durante su adolescencia.
Otro elemento de vulnerabilidad identificado es que más de la mitad (57%) de las mujeres víctimas vivían en pobreza y siete de ellas no recibía ningún tipo de asistencia social, mientras que 9 recibieron algún apoyo como beca o apoyo de programas sociales.
En una entrevista previa, la especialista dijo a UNIVERSIDAD que las comunidades, y especialmente las familias, están llamadas a responder para evitar que el ciclo de la violencia que vive una mujer termine en su muerte por lo que identificar señales y no dejar solas a las víctimas es fundamental. “Lo que las familias tienen que entender es que a las mujeres no las pueden dejar solas”, reiteró.

