
Los días 15 de mayo se conmemora el Día de la Persona Agricultora Costarricense. La fecha es propicia para
- Felicitar a las personas dedicadas a la producción agropecuaria, el oficio más importante de todos, pues es el que nos alimenta.
- Recordarle a la ciudadanía la importancia del agro como actividad.
- Recordarles a las autoridades su obligación de impulsar políticas tendientes a lograr las mejores condiciones de vida para la población que se dedica a esta noble y necesaria profesión.
Con respecto al primer punto, expresamos nuestro reconocimiento a las personas que día a día enfrentan, con valentía, inteligencia y determinación, las dificultades que entraña la producción agropecuaria: incertidumbre climática, ataques de plagas, precios bajos por competencia desleal por importaciones de frutas, hortalizas, granos, carnes, leche, entre otros, producidos con estándares laborales y ambientales inferiores a los nuestros, y por tanto con costos más bajos. Lo anterior sumado a los precios altos de los insumos, comparados con otros países, y que además están al alza por las situaciones mundiales como el conflicto bélico en Irán, entre otras condiciones. Definitivamente, estamos hablando de gente heroica, que sigue bregando en medio de las dificultades. Gente que merece respeto, no el menosprecio que hemos visto recientemente por parte de las autoridades de gobierno.
En segundo lugar, es necesario que la ciudadanía tenga claridad de los aportes del agro a la vida nacional. La gran mayoría de los productos de la canasta básica alimentaria proviene de las manos de nuestros agricultores y ganaderos. Las importaciones baratas son un espejismo, el precio al consumidor no baja al sustituir producto nacional por producto barato traído del exterior. Lo que aumenta es el margen de utilidad de unos pocos importadores e intermediarios. El consumidor no se beneficia y nuestros productores terminan arruinados. Pero además de los alimentos básicos, cientos de productos derivados de la producción agropecuaria, desde salsas hasta helados, son, a fin de cuentas, fruto del trabajo del agro.
Por otra parte, el agro genera gran cantidad de empleos, principalmente en las zonas rurales del país. Alrededor de 200.000 empleos directos, más otros 300.000 derivados de los encadenamientos del sector con otras actividades conexas, como la producción y distribución de insumos, o las agroindustrias y el agroturismo, que dependen directamente de la producción agropecuaria. Quinientos mil empleos que contribuyen a la paz social de Costa Rica, mucho más que lo que generan las zonas francas.
Otro aporte importante es la atracción de divisas por medio de las exportaciones. Se ha dicho que este aporte ha disminuido en los últimos años. No es cierto. Lo que pasa es que otras actividades han crecido más rápidamente, por lo que, al verlo proporcionalmente, da la impresión de que las importaciones agrícolas han disminuido, cuando en realidad han aumentado. Veamos los datos: En 2020, Costa Rica exportó 12.311 millones de dólares y el sector agro exportó 4.912, casi un 40% del total. En 2025 las exportaciones del país alcanzaron 26.153 millones de dólares, y el agro exportó 7.047, un 43% más que en 2020, pero la proporción respecto del total de exportaciones bajó a un 27%. En resumen, en 2025 se exportó mucho más que en 2020, pero bajó la proporción respecto a las exportaciones totales del país.
Otro aspecto digno de mención es el avance del sector en materia ambiental. Los nuevos métodos productivos que se han venido desarrollando en los últimos 15 años en Costa Rica, principalmente, pero no exclusivamente, en sectores como ganadería, café y caña de azúcar, no solo son más amigables con el ambiente, son que ayudan a mitigar el cambio climático.
Con respecto al tercer punto, es necesario diferenciar entre la retórica de apoyo al agro y el impulso a políticas totalmente dañinas para el sector. Un caso reciente es la famosa “ruta del arroz”, que sacó de la producción a cientos de productores que daban empleo a miles de compatriotas, para que unos financistas de campaña hicieran clavos de oro con importaciones baratas, sin que hubiera una reducción en el precio del grano al consumidor. Hemos visto importaciones masivas de otros productos como papa y cebolla, y, como cereza en el pastel, el gobierno anterior y también el actual, impulsan un acuerdo comercial que en nada nos beneficia y que sería totalmente perjudicial para nuestro sector agropecuario: el llamado Acuerdo Transpacífico. Este nos pone a competir sin protección, con países como Vietnam, país con clima tropical, que produce café, arroz y otros productos similares, pero con un costo menor, pues los salarios mínimos de ellos son entre 3 y 4 veces menores que los nuestros. Hablar de apoyo al sector agrícola mientras que al mismo tiempo se impulsa ese acuerdo no solo es hipócrita, sino irrespetuoso. Y al sector agropecuario nacional se le respeta.
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