A pesar de todo

A pesar de un Infantino seducido totalmente por el poder; a pesar de que Trump haya irrumpido para ensuciar la competición con la vuelta de Balogun sin haber cumplido con el castigo; a pesar de los precios carísimos de las entradas; a pesar de que se inventaron los cuatro tiempos y a pesar de que «América» lo reclama como solo suyo, el Mundial 2026 tuvo grandes momentos y quedará en la historia como la aparición de una isla –Cabo Verde– en la que nadie tenía ninguna esperanza –yo el primero–, y en el que las aficiones demostraron, con creces, que los aires fascistas que recorren al mundo se pueden combatir, también, con convivencia y deportividad.

Kaishu Sano (izq.), de Japón, marca el gol que supone el 1-0 bajo la presión de Casemiro (der.), de Brasil, durante el partido de dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Brasil y Japón, en Houston (EE. UU.), el 29 de junio de 2026.

A pesar de las injusticias con los pésimos arbitrajes, en especial los sufridos por Argelia, Egipto y Suiza, hubo juegos de calidad como el Inglaterra-Croacia; Ecuador-Costa de Marfil; Marruecos-Países Bajos; Brasil-Japón y el Argentina-Cabo Verde, entre otros.

El Mundial, organizado por Estados Unidos, México y Canadá, aunque Trump e Infantino solo quieren resaltar que es un producto estadounidense, ha vuelto a confirmar que son los aficionados los que hacen grande o pequeño un torneo. Esta vez los hinchas han estado de maravilla, y entre ellos destacan los noruegos con su grito y su remo y su invocación vikinga.

En este Mundial, en el que los aficionados fueron pieza capital del éxito, es cierto, sin embargo, lo que dice el entrenador argentino Ángel Kappa: que a aquellos les han arrebatado el fútbol, al transformarlo en un juego de marketing permanente.

Pese a ello, el balompié tiene maneras de resistir y algún día volverá a los aficionados, quienes ahora solo pueden disfrutarlo a un precio carísimo y con unas normas que alteran la belleza del juego y del espectáculo.

Un espectáculo que siempre quiso parecerse a la vida, hasta que la FIFA de Havelange descubrió que podía cambiar su naturalidad por millones de dólares, y el juego empezó una larga transformación en pro del mercadeo y en detrimento de sí mismo.

Como hemos visto a lo largo de 38 días de Mundial, son muchos los elementos que distancian al aficionado con respecto a las dudosas decisiones de la FIFA, pero siempre hay esperanza de que el fútbol vuelva a recuperar su grandeza y señorío, por encima de los designios de Infantino y su Comité Ejecutivo.

Y en este contexto, cuando la nostalgia del adiós al Mundial empieza a hacer mella en nuestro ánimo, desde la lejanía emergen aquellas palabras que el poeta José Agustín Goytisolo escribiera en Palabras para Julia:

(…) ya verás

como a pesar de los pesares

tendrás amigos, tendrás amor».

Sí, a pesar de los pesares… el fútbol nos sigue convocando con el corazón abierto.

*El autor es redactor de Cultura del Semanario Universidad, Máster en Literatura y Comentarista de Fox Costa Rica.

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